Problemas del Exhortador


Quienes tienen el don de exhortación tienden a tener una boca que los mete en problemas. Puesto que Dios les ha hecho la boca del cuerpo de Cristo, ellos usan mucho su boca, ya sea para bien al animar a otros, o en formas negativas como mencionaremos a continuación.

Al calificarse, oer para ver si existen áreas en las que necesita crecer. Ninguno de nosotros ha llegado a la perfección. Aun Pablo, en los últimos años de su ministerio, se dio cuenta de que necesitaba “perseverar para llegar a la meta que es Cristo Jesús”



1. Tiende a interrumpir a otros en su afán por dar su opinión o consejo.


Nunca

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Quienes tienen el don de exhortación tienen mucho que decir, y por lo general, eso no es un problema. Pero cuando se está dando una conversación, o cualquier tipo de reunión estructurada, la tendencia del exhortador de interrumpir puede ser frustrante para lo demás.





2. Usará las Escrituras fuera de contexto para comunicar una opinión.


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Quienes tienen el don de exhortación creen que es su opinión lo que importa. En su mente, verificar su opinión con las Escrituras es secundario. De aquellos que escuchan a los que tienen el don de exhortación, muchos no se molestarán en verificar los textos. Pero las personas con el don de enseñanza y el de percepción sí lo harán. Ellos verificarán las Escrituras y si algún texto se ha usado fuera de contexto, ellos posiblemente rechazarán la enseñanza, o hasta tratarán de corregir al exhortador.

Los exportadores son adaptables. De modo que si alguien saca a relucir un error suyo, ellos dirán: “Está bien, si esa escritura no encaja aquí, encontraré otra que sí encaje.” Usualmente, los exhortadores también tienen un buen sentido del humor.  





3. A veces puede dar consejos superficiales y trillados.


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Puesto que los exhortadores son tan buenos dando consejos, fácilmente pueden caer en la trampa de dar respuestas trilladas. Pueden aconsejar a tres personas con el mismo problema básico, una tras otra, y después de orar, recomendar los mismos pasos a seguir. Las personas reciben ayuda. Luego viene la cuarta persona con el mismo problema. El exhortador no se molesta en orar sobre el consejo que dará, puesto que el mismo consejo ha funcionado para las otras tres personas. Pero esta vez no es lo que el Espíritu Santo quería transmitir, y el consejo no ayuda a la persona.

Es muy importante que quien tiene el don de exhortación dependa constantemente del Espíritu Santo, el Consolador, para que Él lo guíe y le dé sabiduría al aconsejar. De otra forma, el exhortador podría desarrollar una mentalidad engreída de “sabelotodo”.





4. No tiene pelos en la lengua.


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Los exhortadores siempre están contentos de poder expresar lo que piensan.  No son tan dogmáticos como los maestros y las personas con el don de percepción, pero en asuntos que tienen que ver con la aplicación práctica de alguna verdad, tienen opiniones fuerte. Esto, junto con su mandíbula bien engrasada, hace que estén listos para dar su opinión en cualquier momento.

También pueden ser un poco chistosos, mandones, habladores y agresivos. Como dijo un exhortador una vez: “Muchas veces mi boca se adelante a mi mente.”





5. Puede llegar a sentirse demasiado seguro de sí mismo.

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En el mundo de hoy, la confianza en sí mismo es una cualidad desead. Pero,  así como el hombre necio que construyó su casa sobre la arena, la confianza en sí mismo no es un buen fundamento. Nuestra confianza debe estar primeramente en el Señor. Luego, al apreciar el don y las habilidades que Él nos ha dado, podemos empezar a sentirnos seguros de nosotros mismos de una manera santa.

Si usted está con una persona que tiene el don de exhortación, por lo general, esta será de bendición a su vida. Pero si dicha persona sigue dejando salir de su boca torrentes de palabras, siéntese libre de decirle: “¡Por favor, de tu opinión en veinticinco palabras o menos!”